Se
le atribuye a Mark Twain, considerado como el padre de la moderna literatura
norteamericana, la frase de que hay tres clases de mentiras: mentiras,
malditas mentiras y estadísticas. En el imaginario popular, la comprensión
de la estadística deriva de la metáfora sobre el pollo, según la cual si de
dos personas una se come dos pollos y la otra ninguno, la estadística hará
la media y dirá que se han comido un pollo cada una de ellas.
La
estadística fue parodiada hasta por los hermanos Marx en una de sus
películas. El genial Groucho entraba en escena vestido como un médico y
diciéndole a una enfermera: “Señorita, tengo mucha prisa. Déme una media de
la temperatura de todos mis pacientes”.
El pasado viernes el gobierno local tiró de medias matemáticas y de la
estadística en el Pleno en el que aprobó con su mayoría absoluta, previa
aceptación de tres enmiendas del PSOE, las Ordenanzas Fiscales para el año
2013. La delegada de Hacienda, Asunción Fley, defendió el proyecto con el
argumento de que, “matemáticamente”, han sido “congelados” los impuestos.
El término “congelación” en materia fiscal es sumamente equívoco, porque
si originalmente estaba perfectamente claro y significaba que no había
variación en el coste de un servicio o en la cuantía de un impuesto o tasa,
posteriormente la clase política, especialmente durante la era Monteseirín,
empezó a utilizarlo como sinónimo del IPC. Mientras que el ciudadano pensaba
que aquéllos no iban a subir de un año para otro porque oían decir a los
políticos que quedaban congelados, en realidad éstos habían acordado una
subida equivalente a la del coste de la vida previsto por el Instituto
Nacional de Estadística o el Gobierno en sus previsiones macroeconómicas.
Zanahoria fiscal
Asunción Fley puso por delante de los sevillanos la zanahoria de la
presunta congelación del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), el Impuesto
sobre Actividades Económicas (IAE), el Impuesto de Vehículos de Tracción
Mecánica (el popularmente conocido como ‘sello’ del coche), el de
Construcción, Instalaciones y Obras (ICIO) ..... para tratar de justificar
así, “matemáticamente”, la subida de la mayor parte de las tasas y la
creación de nuevas figuras tributarias, no precisamente para “congelar” los
ingresos municipales, sino para incrementarlos, por mucho que tratara de
camuflar la medida recurriendo a la estadística, como en el típico ejemplo
del pollo.
A título de muestra, oficialmente el Ayuntamiento dice haber congelado el
Impuesto sobre Bienes Inmuebles , pero como ha eliminado la bonificación
existente por domiciliación del pago a través de entidades bancarias, los
miles y miles de sevillanos que habían recurrido a este método en beneficio
tanto suyo como del Ayuntamiento (por ahorro de costes y mayor recaudación)
verán en la práctica cómo el IBI se les incrementa.
Decisiones como ésta tienen un efecto disuasorio sobre los contribuyentes
en una sociedad como la sevillana, tradicionalmente benevolente con aquellos
que incumplen sus obligaciones tributarias con el Ayuntamiento y que
históricamente se han beneficiado del calamitoso sistema -o más bien, falta
de sistema- de la Hacienda local desde los no tan lejanos tiempos de los
recaudadores que actuaban en su nombre a cambio de jugosas participaciones
en las cantidades que lograban cobrar.
Tasa de morosidad
La ineficacia municipal en este sentido ha sido de tal magnitud que el
Ayuntamiento ha dejado de ingresar en el último decenio más de 379 millones
de euros, de los que considera ya incobrables 56 millones.
Justamente para combatir esta morosidad y ganar tiempo para reorganizarse
internamente con la creación de una Agencia Tributaria propia, el
Consistorio lanzó hace años una campaña entre los sevillanos para incentivar
mediante una pequeña bonificación, descendente con el paso del tiempo, la
domiciliación bancaria del pago de los tributos. De esta manera, los
contribuyentes se libraban de la tentación de caer en el olvido de no pagar
o de hacerlo fuera de plazo, con los consiguientes recargos, y la Hacienda
municipal no sólo se garantizaba el cobro del dinero, sino también de
hacerlo en el plazo más favorable para la Tesorería y se ahorraba los
costes administrativos -de personal y papeleo- de emprender acciones contra
los olvidadizos y morosos de larga duración (publicando los exhortos
en el Boletín Oficial de la Provincia de Sevilla).
Salvo error u omisión, el Ayuntamiento ha modificado 37 de las 44
Ordenanzas Fiscales preexistentes, con una subida media del 3% según
Asunción Fley, la delegada municipal de Hacienda, que incluso llegó a decir
que así se cumplía la promesa electoral de Zoido de bajar los impuestos en
Sevilla porque este promedio era inferior al del IPC del pasado mes de
septiembre, que fue del 3,5%. Sin embargo, la oposición ha subrayado que la
Hacienda municipal ha tomado como referencia arbitraria el dato que recoge
la media de marzo del último decenio por ser el más beneficioso para el
Consistorio, no para los contribuyentes.
Los servicios básicos
Independientemente de esta circunstancia, lo significativo no es que el
Ayuntamiento rebaje la media estadística de la suma de impuestos/tasas
congelando o subiendo poco una cantidad de tributos por servicios
escasamente utilizados por los sevillanos (como podría ser la expedición de
un documento en las caracolas de la Gerencia de Urbanismo), si no, y aquí
radica la clave de la cuestión, la subida que ha aplicado a los servicios
básicos o más demandados por los ciudadanos, como son las tarifas de Tussam
(una media del 5%, superior por tanto a ese IPC del 3,5% citado por Asunción
Fley como referencia), las de la zona azul y la grúa (un 6%) y la
utilización de las instalaciones deportivas del IMD (hasta un 7%).
Y aún más significativo es que este encarecimiento del transporte público
y del uso de los espacios colectivos (también a los polémicos veladores se
les ha aplicado una subida bastante apreciable) se haya realizado en un
contexto de aguda crisis económica, con más de 90.000 parados en la ciudad,
y pese a la promesa del alcalde de no subir los impuestos porque su doctrina
económica consistía en hacer lo contrario, bajarlos, para estimular así la
actividad económica y porque así, a mayor crecimiento de la riqueza y del
PIB sevillanos, mayores acabarían siendo por tanto los ingresos en las arcas
municipales.
Y el tercer elemento significativo, ignorado por el gobierno local, ha
sido el dictamen contrario y unánime, por primera vez en la historia del
organismo, del Consejo Económico y Social de Sevilla, el órgano consultivo
del Ayuntamiento y en el que están presentes los agentes sociales de la
ciudad, que llevan al Consistorio la voz de la calle, la voz de la sociedad.
Por unanimidad
La Confederación de Empresarios de Andalucía, los sindicatos UGT y
Comisiones Obreras, organizaciones de consumidores como Facua y UCE, CEPES,
asociaciones de vecinos y expertos aprobaron por unanimidad un dictamen
contrario al proyecto de Ordenanzas Fiscales redactado por Asunción Fley.
El CESS dictaminó en contra de esa subida media del 3% en tasas y precios
públicos, tan invocada por la delegada de Hacienda , porque a su juicio
carecía de lógica si el objetivo era el de acercar la referencia del
incremento de las Ordenanzas a la realidad, porque tomaba como referente el
IPC interanual de los últimos diez años en vez del de los últimos cuatro, el
periodo de la crisis económica, ya que en este caso la subida tendría que
haber sido de sólo el 1,8%.
En vez de rectificar su política fiscal conforme a las recomendaciones
del CESS, el delegado de Economía, Gregorio Serrano, subrayó que este
organismo ha emitido generalmente dictámenes contrarios a las Ordenanzas y
los Presupuestos municipales y que como su carácter es meramente consultivo
y no vinculante, el gobierno local haría lo que tuviera que hacer.
Independencia de criterio
Efectivamente, Gregorio Serrano tenía razón cuando recordaba que en los
ocho años en que fue responsable en temas de Hacienda por el PP, el CESS
prácticamente emitió dictámenes negativos, pero ello no le resta importancia
al dato, sino todo lo contrario: revela su independencia de criterio
respecto al gobierno de turno, y también cuando eran del PSOE e IU, con gran
irritación de Monteseirín con el entonces presidente, José Vallés. En su
sectarismo contra quien no opinara como él, el exalcalde esperaba un
completo respaldo del CESS y de Vallés a sus políticas fiscales, habida
cuenta de que éste había sido delegado de Hacienda, Patrimonio y Estadística
con el socialista Manuel del Valle de alcalde, pero Vallés antepuso a su
condición de socialista la de catedrático de Economía de la Universidad, su
integridad moral y su independencia intelectual y acabó dejando el cargo
antes que seguir soportando las presiones de Monteseirín.
Y lo que también demuestra la reacción de Gregorio Serrano de
minusvalorar el papel del CESS es que la clase política desoye las voces
críticas cuando se instala en el poder (bastaría comprobar qué decía Serrano
sobre los dictámenes del CESS cuando se hallaba en la oposición y ahora) y
que aquél y otros organismos consultivos no son a la postre más que floreros
con que el sistema se adorna para aparentar una Democracia participativa y
consultiva más ficticia que real.